Capas y atributos: cómo un GIS representa y describe el territorio
En este blog se revisa cómo un GIS representa el territorio mediante capas vectoriales y ráster, y qué tipo de información existe detrás de esas representaciones. A partir de ejemplos concretos, se muestra cómo puntos, líneas, polígonos y píxeles incorporan valores y atributos que permiten analizar el territorio más allá del mapa.
José Francisco Román Solano
1/26/20263 min read
Hasta ahora, la serie ha girado alrededor de una idea central: hacer GIS no es producir mapas, sino trabajar con información georreferenciada. En entregas anteriores se revisó cómo el territorio se representa mediante información vectorial y ráster, y por qué el mapa debe entenderse como una salida, no como el sistema en sí.
En este punto, el foco se desplaza hacia lo que sostiene esas representaciones: qué información hay detrás de ellas y cómo se interpreta dentro de un GIS. Ahí es donde entran las capas y los atributos.
Representar el territorio: puntos, líneas y polígonos
Cuando observamos el territorio desde un GIS, lo hacemos a través de entidades geométricas. Una planta eólica puede representarse como un conjunto de puntos que identifican cada aerogenerador. Una carretera, un ferrocarril o un río suelen representarse como líneas. Infraestructuras más extensas, como un puerto o un aeropuerto, se representan normalmente como polígonos.
La elección entre punto, línea o polígono no es arbitraria. Depende de la escala de trabajo y del tipo de análisis que se desea realizar. Un mismo objeto puede cambiar de representación conforme se modifica el nivel de detalle, sin que eso implique una contradicción en los datos.
Estas geometrías, por sí solas, no explican el territorio. Definen únicamente cómo se dibuja la información.
Información ráster: continuidad y valores
A diferencia de la información vectorial, los datos ráster representan fenómenos continuos. Una ortofoto, un modelo de elevación, la precipitación o la luminosidad nocturna no pueden delimitarse naturalmente con fronteras precisas. Cada píxel contiene un valor que describe una condición del territorio en una ubicación específica.
En el caso de la precipitación, por ejemplo, no existe una línea real que marque dónde termina un rango y empieza otro. Los rangos de colores que vemos en un mapa son una simplificación visual que permite interpretar valores numéricos distribuidos de forma continua en el espacio.
El ráster no representa objetos; representa condiciones del territorio expresadas como valores.
Atributos: la información detrás de la geometría
Hasta este punto, solo se ha hablado de geometría. Lo que permite analizar el territorio es lo que viene ahora.
Tanto en datos vectoriales como ráster, cada entidad o cada píxel está acompañado de atributos: valores que describen sus características. Una carretera no es solo una línea; tiene atributos como tipo de superficie, nombre, estado, sentido de circulación o nivel de servicio. Un píxel de un modelo de elevación no es solo un color; representa un valor numérico concreto de altura sobre el nivel del mar.
Tanto en datos vectoriales como ráster, cada entidad o cada píxel está acompañado de atributos: valores que describen sus características. Una carretera no es solo una línea; tiene atributos como tipo de superficie, nombre, estado, sentido de circulación o nivel de servicio. Un píxel de un modelo de elevación no es solo un color; representa un valor numérico concreto de altura sobre el nivel del mar.
Capas: lectura del territorio dentro del GIS
Las capas son la forma en que esta información se presenta y se gestiona dentro del GIS. No cambian los datos, pero sí condicionan cómo se leen y cómo se analizan. El orden en que se muestran, se combinan o se activan responde a una lógica de interpretación del territorio.
Modificar el orden de las capas no altera la información subyacente, pero sí puede cambiar la manera en que entendemos una relación espacial o priorizamos un análisis.
Finalmente, cuando miramos un mapa en un GIS, lo que vemos es solo una parte de la historia. Detrás de cada color hay valores, y detrás de cada geometría hay información que describe el territorio con mayor detalle del que aparenta a primera vista.
Entender qué son las capas y los atributos no es un requisito formal ni un concepto accesorio. Es lo que permite pasar de “ver” el territorio a empezar a analizarlo. A partir de ahí, el GIS deja de ser solo una herramienta visual y empieza a funcionar como un soporte real para la toma de decisiones. El resto —métodos, modelos y flujos de trabajo— se construye sobre esa base.
